Apocalipsis griego y latino (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

El “Apocalipsis” de Asclepio

En el diálogo hermético llamado Asclepio, hay una sección de profecía escatológica en la que Hermes se lamenta ante Asclepio por el destino de Egipto. Esta sección (caps. 24–26 = CG. VI. 70–74), que sobrevive tanto en versiones latinas como coptas, es única en la literatura hermética. Se han sugerido varias fuentes, incluidas la judía (Nock) y la iraní (Reitzenstein). La pieza, sin embargo, parece estar más en casa en la tradición nativa egipcia, de la que provienen las tres primeras piezas de esta colección. Con esta tradición egipcia, el texto mezcla elementos de la filosofía popular, incluidas las imágenes platónicas sobre Dios el timonel y el lenguaje estoico sobre los ciclos cósmicos.

Salir con alguien es difícil. Un fragmento del Asclepio sobrevive en un papiro griego de aproximadamente 200 EC (P. Mimaut, col. 18). Por lo tanto, el Asclepio en su conjunto probablemente no fue escrito más tarde del siglo III. El «apocalipsis», cualesquiera que sean sus fuentes, es probablemente una parte integral de toda la composición. La peculiar combinación de filosofía y escatología así lo sugiere. Sin embargo, partes del “apocalipsis”, que se refieren a la persecución legal cristiana de la religión pagana, son probablemente adiciones del siglo IV.

La profecía comienza con una referencia a las estatuas de Hermes. Hermes luego elogia a Egipto como el templo del mundo y lamenta su destino, cuando su piedad nativa se desvanecerá y sus instituciones religiosas serán suprimidas (cap. 24). Los bárbaros lo habitarán y los dioses partirán. Finalmente habrá catástrofe cósmica y social (cap. 25). El fin del mundo (senectus mundi) estará marcado por “inreligio, inordinatio, inrationabilitas bonorum omnium”. Entonces el divino “gobernador” efectuará una restauración cósmica.

Como en la última etapa del oráculo de Potter, no parece haber prácticamente ninguna referencia política en la escatología que se centra casi exclusivamente en el ámbito cósmico. No hay ningún interés particular en lo sobrenatural dentro de estos capítulos del Asclepius, aunque la obra entera sin duda tiene este como su principal interés. En comparación con otros “apocalipsis”, esta sección del Asclepio muestra los siguientes rasgos:

1.2.2. Diálogo entre un
2. Revelador “de otro mundo” y
3.3. Un destinatario que llora. El diálogo trata
7.1. persecución escatológica,
7.2. Conmoción cósmica y
9.1. Transformación y restauración cósmica.

Fragmentos

Hay otros dos fragmentos menores de papiro de obras similares a las profecías escatológicas greco-egipcias que acabamos de mencionar. Están demasiado mal conservados para permitirnos decir algo sobre su forma general. El ejemplo principal, P.S.I. 982, de procedencia desconocida pero del siglo III EC, es de interés debido a una aparente referencia a los judíos como perseguidores.

Beroso

Beroso, una figura babilónica cuya actividad se describe en una variedad de términos por fuentes paganas y cristianas, vivió a principios del período helenístico y escribió extensamente en griego sobre las tradiciones babilónicas nativas. Sus restos literarios consisten únicamente en fragmentos, uno de los cuales tiene una marcada orientación escatológica. Tal orientación bien pudo haber dominado su obra histórica, que también trata la cosmogonía y la historia primordial.

El fragmento explícitamente escatológico (#21 = Séneca, NQ 3.29.1) predice la destrucción del mundo por fuego e inundación, cuando ocurran ciertas configuraciones astrológicas.
Este fragmento no puede ser considerado como un “apocalipsis”, aunque su escatología astrológica cuasi científica puede tener alguna relación con la especulación escatológica nativa mesopotámica, importante para la teorización apocalíptica.

Virgilio, Cuarta Égloga

La cuarta Égloga, escrita entre el 45 y el 37 a. C., predice el nacimiento de un niño en cuyo tiempo la tierra disfrutará de una nueva edad dorada. El poema se basa en alguna tradición de profecía escatológica como la que se encuentra en la tradición greco-egipcia.

Diálogos reveladores

Los diálogos reveladores examinados hasta ahora ocasionalmente contenían diálogos entre un vidente y un revelador. Este rasgo, sin embargo, estaba regularmente subordinado al discurso oracular o al motivo del viaje. En aquellos casos en los que se incorporó un relato de viaje dentro de un diálogo filosófico, ese entorno tuvo poco impacto en las características formales del relato de viaje en sí.

En cierto grupo de textos, principalmente los del Corpus Hermeticum, es el propio formato del diálogo el que sirve como modo de revelación. El rasgo formal del diálogo que lo hace revelador es el estatus de uno de los interlocutores, que suele ser una deidad. En ocasiones también se utilizan otros recursos, como el motivo apócrifo. Además, el tema de los diálogos en este grupo consiste en temas filosóficos y teológicos que se consideran más allá de la capacidad del conocimiento humano ordinario.

Las raíces del diálogo revelador están en los diálogos de la tradición filosófica y en la literatura escolástica. A diferencia de los diálogos filosóficos, los interlocutores juegan aquí un papel bastante menor. El enfoque está principalmente en las palabras del revelador divino.

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