Amos Niven Wilder y los procesos de la poesía (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

2.3 Las reflexiones de Maritain sobre el proceso de la poesía —el proceso de inspiración, que acerca tanto al poeta al vidente—, así como la yuxtaposición de Lynch de lo concreto y la búsqueda de la plenitud, centran nuestra atención en aspectos del lenguaje y la poesía que son también central en el hablar poético y en la crítica de Amos Wilder.

Él reconoce completamente la importancia de esos estudios austeros y especiales que ponen entre paréntesis la vida de la que surge el poema o la visión, como en su apreciación del estructuralismo (1974:11). Pero su propia obra encarna característicamente la comprensión de la profunda interacción entre la persona y el lenguaje, una comprensión del profundo peso de la creatividad humana, expresada, por ejemplo, cuando dice: “El hombre está hecho para participar en las obras de Dios y no solo en su amor. (1964:202). El lenguaje y la “nueva voz” son ciertamente preeminentes entre las obras de Dios.

3.1 Volviendo a la cuestión de los procesos de la poesía, vemos que la poesía es composición con la distinción de tener ritmo ya veces rima. Ninguna discusión sobre la relación entre poesía y religión podría pasar por alto el hecho indiscutible de que desde los primeros tiempos el habla rítmica ha sido parte integral de la expresión religiosa.

En su penetrante estudio de la retórica de la nueva religión del cristianismo, Amos Wilder observa que “la nueva libertad de expresión de Jesús y sus seguidores, este nuevo fruto de los labios y nueva gama de sentido, adoptó inevitablemente el modo rítmico. Es una de las categorías primarias del gesto humano. Básicamente oral, tiene un carácter somático-dinámico como la música y la danza” (1971:89). Precisamente. El carácter gestual de la palabra es olvidado por aquellos que nunca leen en voz alta o que nunca han tenido el beneficio de la lectura dramática de artistas que aprecian las palabras.

3.2 Las palabras repetidas en cadencia rítmica adquieren un poder que tiene un gran efecto sobre las personas. Hay algo extraño y más allá de la previsibilidad racional en el efecto de la expresión poética utilizada por un maestro del arte. Cuando aún no había distinción entre religión y poesía, la dicción poética tenía dimensiones tanto religiosas como estéticas: religiosa en el sentido de ganar y transmitir el poder de la vida y la muerte, y estética en el placer de hablar por sí mismo.

Un ejemplo de lo primero en la tradición del judaísmo es la evitación del nombre de Dios, no solo por reverencia, como se podría suponer, sino también por miedo. Nombrar es participar en una transacción de poder, y liberar el poder de Dios es un negocio muy arriesgado. Un ejemplo de esto último es el canto improvisado de los niños en el que se repite sin cesar un estribillo sin sentido. Los atributos distintivos de la poesía como actividad estético-religiosa de controlar el poder y expresar el deleite de gastar energía hacen del poeta una contraparte del profeta.

3.3 Del hecho de que el poeta trata con el poder se deriva la noción de su inspiración. El poeta en su papel distintivo como hablante y nominador tiene poder, y el poder es un signo de santidad. Inspira asombro y motiva respuestas (religiosas) diseñadas para demostrar una apreciación apropiada de la fuente del poder manifestado. Evidentemente, no todos los poetas son profetas en el sentido de hablar la palabra de Dios, sino, más bien, en el sentido de participar de un poder que no se inventa sino que se invoca y se expresa.

Es natural asociar la obra del poeta con la manifestación de lo santo, pero es un error, al menos desde el punto de vista del análisis si no del religioso, identificar la palabra con el poder. Es más exacto decir que el poeta participa en la transacción de poder. Como observa van der Leeuw, “La palabra que pronuncia no es un producto de sí mismo, sino un poder que lo supera, que él pone en movimiento” (122).

3.4 Tanto en la poesía como en la religión existen abundantes evidencias de experimentos en nuevas formas de expresión y de lucha con el significado de formas más antiguas de las dos disciplinas. Amos Wilder ha compaginado las profesiones de crítico literario y estudioso de la lengua y la literatura bíblicas con la de poeta. Entre sus proyectos ha estado el examen de la retórica de la religión cristiana tal como era en los días de sus comienzos.

Una característica importante de su estudio es su esfuerzo por discernir las implicaciones de la experiencia cristiana primitiva en formas orales y escritas para el hombre contemporáneo. En opinión de Wilder:
Sin duda estamos atravesando un período de muerte y nacimiento del lenguaje, uno de los rasgos primordiales de la naturaleza y la cultura humanas. Tenemos que volvernos mudos antes de que podamos aprender a usar nombres y palabras fielmente de nuevo. Es en la poesía moderna donde uno ve esta lucha de manera más reveladora. (1971:1)

3.5 De ​​la importancia del arte verbal de una cultura para su religión y, por el contrario, de su religión para su expresión oral y escrita, no debe haber duda. Hablando con referencia a los primeros cristianos “que eran conscientes de una nueva dotación del lenguaje, tanto la libertad de expresión como los poderes de comunicación”, Wilder pone el asunto en una perspectiva más amplia:

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