Algunos comentarios sobre semiótica estructural: una breve revisión de un método y alguna explicación de los procedimientos (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

El texto debe ser confrontado por una especie de “doble”, construido a partir de un lenguaje teórico que se ajuste a las reglas del método y que sea adecuado para cuestionar coherentemente los diferentes aspectos del texto con precisión y discriminación. Porque el análisis es una actividad, un método bien ordenado, aunque reconocidamente difícil, de abordar un problema y de tender ante él la red de una elaboración formal. El texto validará el método al mostrar que funcionó con ese texto en particular, o lo cuestionará llamando la atención, no sobre el significado inherente al texto, sino sobre otro método más adecuado para resaltar ese significado.

En la aproximación semiótica a un texto, la lectura atenta y cuidadosa es el lado visible de una actividad mental oculta que se ocupa principalmente del mensaje codificado que el método con sus diferentes permutaciones y combinaciones ha desenterrado. El analista habla a la vez dos lenguajes: el lenguaje del texto, el “lenguaje natural”, que no debe olvidar ni subvertir, y el “metalenguaje” a través del cual codifica la información recibida de su lectura; con las leyes y restricciones de este metalenguaje debe estar completamente familiarizado.

Cuando se produce concordancia entre las dos lecturas, de manera aproximada si no completa, la “imagen” formal del texto constituye el lado cognoscible del mismo o la descripción del fenómeno significante. Cuando se toma en consideración la naturaleza del lenguaje de descripción (metalenguaje), es claro que las relaciones aparecerán aquí en lugar de los términos correlacionados y la coherencia sistemática en lugar del acuerdo estilístico o la armonía de las ideas. El orden y el estricto control del sentido, cuyo principio no aparece en la superficie del texto, se ponen así de manifiesto. Esta es una ganancia significativa en cuanto al conocimiento del texto y una ayuda indispensable para la interminable tarea de analizarlo.

2.0 La teoría de la significación: dos principios de la semiótica

El propósito del análisis es sacar a la luz la forma de la significación. Utiliza para ello un lenguaje formalizado, es decir, reducido a los elementos estrictamente necesarios para aclarar la forma sin la intrusión de elementos no formales, que incesantemente “esponjan” el texto y nos impiden ver su estructura. El analista debe ser el dueño de este metalenguaje y haberlo utilizado lo suficiente para que le sea una ayuda y no un estorbo.

No puede hacer esto sin saber primero algo de la forma propia del significado que presenta al menos una teoría semiótica. Mejor aún, debe ser capaz de anticipar a grandes rasgos, si no exactamente, lo que busca o, dicho de otro modo, qué características esenciales debe presentar todo mecanismo descriptivo ya qué condiciones está sujeto.

2.1 Primer Principio

La estructura elemental del significado se compone de diferencias y opuestos. No hay significación sino sobre la base de las diferencias. El universo del significado en comparación con el universo físico es discontinuo, compuesto de elementos discretos que difieren entre sí lo suficiente, incluso arbitrariamente, como para hacer imposible la confusión. El reconocimiento de los fenómenos significantes radica en ubicar las diferencias pertinentes que los hacen ser lo que son y en evaluarlos más de cerca.
La forma semiótica se verá bajo la forma de pares de “características” o “valores” semánticos que son opuestos entre sí. Estos son llamados “semas” (s).

La relación entre s1 y s2 es de opuestos y contrarios. Los dos valores están en una relación de doble implicación desde el punto de vista de su definición. Son contrarios entre sí en un eje dado, p. la vertical, un eje definido por su relación con su contrario, la horizontal. También son incompatibles desde el punto de vista de su realización en el discurso (la selección de uno implica la exclusión del otro).

Diferentes características pertenecientes a diferentes ejes pueden combinarse para formar complejos de significado llamados “sememas”. A partir de los elementos básicos y del juego de selección-combinación adecuado a cada universo semántico, podemos constituir lo que a veces se denomina el “significado” de las palabras. Este significado no puede ser considerado como algo fijo y definitivo, ligado estrecha y definitivamente a un “significante” particular.

El material significante así formado se obtiene de la red de la expresión (lexemas) que nos ayuda a tener acceso a la manifestación. Es la relativa autonomía de la expresión y del contenido y la inestabilidad de las formaciones estructuradas del contenido lo que hace necesario el difícil análisis del universo semántico.

Sólo tenemos acceso directo a las diferencias en el significante (la expresión), y por lo tanto debemos establecer las diferencias en el significado (el contenido) que organizan el discurso a veces se dice que para asegurar la coherencia del contenido tanto en sí mismo como en sus conexiones con la expresión, cada texto, por medio de un mecanismo diferencialmente adaptado, utiliza un “código” (un sistema ordenado de diferencias, por ejemplo, red o verde, alto o bajo, en sus “semáforos” correspondientes a los valores que desea dar a conocer, por ejemplo, permitido o prohibido) para producir un “mensaje”.

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