Uvas agrias y dientes erizados

Uvas agrias y dientes erizados

Ezequiel 18:1-32

De niño recuerdo una vez que fuimos y comimos uvas agrias. Estábamos tan entusiasmados con ellos que comimos sin control. Como resultado, en la noche en casa, sufría de dos cosas: 1) tenía los dientes de punta y 2) me dolía el estómago. Este fue el precio que tuve que pagar.

Los judíos se rebelaron contra Dios, aunque les envió profeta tras profeta para advertirles que reformaran sus caminos y se volvieran a Él. Les advirtió que si no se arrepentían, serían llevados al exilio en Babilonia, siguiendo el destino de sus hermanos los israelitas que fueron llevados al exilio por los asirios. Como no se arrepintieron ni se volvieron a Dios, Él usó a los babilonios como instrumento de Su juicio. Mientras estaban en el exilio, en lugar de restaurar su relación con Dios, se estaban quejando y echando la culpa. Estaban citando un proverbio: “Los padres comen uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera” (18:2). Dios, a través de su portavoz, el profeta Ezequiel les dijo:

1. Eran personalmente responsables (18:1-24).

2. Fueron juzgados con justicia (18:25-29).

3. Se les ofreció perdón compasivamente (18:30-32).

I. PERSONALMENTE RESPONSABLE (18:1-24)

A. Usted es responsable de sus acciones, no de las acciones de otra persona. Dos veces el texto dice “el alma que pecare, esa morirá” (18:4, 20).

B. Las consecuencias de nuestros actos son intransferibles.

1. No se transfieren de una generación a otra (18:5-17). Los exiliados decían que estamos aquí por nuestros antepasados.

a. Padre justo (18:5-9) que ha hecho mucho bien no pasará desapercibido.

b. Su hijo inicuo (18:10-13) hace exactamente lo que se negaba a hacer y deja de hacer las cosas buenas que hizo su padre. ¿Cuál será su resultado? “…de cierto morirá…” (18:13).

c. Su nieto justo (18:14-17) no será juzgado por los pecados de su padre injusto. Vivirá por su justicia.

d. Ilustración: No debería haber quedado muy lejos en la memoria de esta comunidad exílica que el justo rey Ezequías (a quien se le habló del exilio) tuvo un hijo injusto, Manasés, y un nieto justo, Josías.

2. Tampoco son transferibles de un período de vida a otro (18:21-24). Decían pero así no hemos sido y eso debería contar algo. Ezequiel daría dos ejemplos:

a. Un hombre injusto que se vuelve justo (18:21-23).

b. Un justo que se vuelve a la injusticia (18:24).

C. Cada persona cuando él o ella esté delante de Dios caerá o se mantendrá en pie basado en su injusticia o justicia acreditada a él por la gracia de Dios (Efesios 2:8-9; Rom 3:24; Tito 3:5). Esto tiene buenas y malas noticias:

1. La mala noticia: No me presentaré ante Dios por la justicia de mis antepasados o descendientes, ni por la fidelidad anterior (una vez salvo no siempre soy salvo)

2. Las buenas noticias: Me presentaré ante Dios basado en mi relación con Dios. Tengo la oportunidad de presentarme ante Dios si pongo mi fe en Dios y vivo fielmente hasta el final con Él.

II. JUZGADO CON JUSTICIA (18:25-29).

A. Nuestro antepasado físico Adán culpó a Dios por su caída cuando dijo: “La mujer que TÚ pusiste aquí conmigo me dio del árbol y yo comí”. (Génesis 3:12). Culpó a Dios por su defecto.

B. Uno de los indicios de una persona espiritualmente enferma es señalar con el dedo a otra persona y culparla. Los exiliados decían “Dios no es justo”. No es justo que estemos en el exilio y estamos recibiendo un juicio injusto.

C. La respuesta de Dios para ellos vino a través de Ezequiel en los versículos 25-29.

1. Dios no es injusto.

2. Los judíos eran los que eran injustos.

D. Entonces, estos versículos nos traen las malas noticias de la injusticia de Judá y las buenas noticias de Dios, el Juez justo.

III. PERDÓN OFRECIDO COMPASIVAMENTE (18:30-32).

A. Los judíos decían que Dios no nos ama. Él se complace en afligirnos. Pero esto estaba más lejos de la verdad. Los judíos no solo estaban siendo juzgados por un Dios justo, sino que también tenían un Señor compasivo y perdonador.

B. “Por tanto, oh casa de Israel, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, dice Jehová el Señor. ¡Arrepentirse! Apartaos de todas vuestras ofensas; entonces el pecado no será vuestra ruina. Libraos de todas las ofensas que habéis cometido, y obtened un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel? Porque no me complazco en la muerte de nadie, dice el Señor Soberano. ¡Arrepentíos y vivid!”. (18:30-32)

1. Cada uno iba a ser juzgado según sus obras.

2. Dios ofreció una amnistía a esta comunidad judía. La amnistía es aquel “Acto de una autoridad (como gobierno) por el cual se concede el indulto a un grupo numeroso de individuos”. (MWCD, 11 ed.). Dios la máxima autoridad les dice:

a. Apartaos de vuestras ofensas (30)

b. Deshazte de todas las ofensas que has cometido (31)

c. Obtener un nuevo corazón y espíritu (31)

C. ¿Por qué querrían los exiliados aceptar la amnistía de Dios? Sería una tontería porque Dios dijo: “…¿Por qué moriréis, oh casa de Israel? Porque no me complazco en la muerte de nadie, dice el Señor Soberano. ¡Arrepentíos y vivid!”. (18:31b-32).

1. Dios no se complace en la muerte de nadie.

2. Dios se complace cuando uno se “arrepiente y vive!”

CONCLUSIÓN:

Las uvas agrias dan dentera sólo a los que las comen. De la misma manera cada uno será juzgado culpable por Dios por su pecado no arrepentido, no por los pecados de otra persona. No podemos dar cuenta de generaciones o períodos pasados por nuestra justicia, sino ser personalmente responsables y reformar nuestros caminos. Por eso, el mensaje que Dios nos da hoy a través de Ezequiel es sencillo: “¡Arrepentíos y vivid!”

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